La habitación de Ágatha se baña, de pronto, por la luz de la mañana con un halo de esperanza.Ha pasado una hora desde que tomó el antídoto, y el cambio es milagroso. El color ha vuelto a sus mejillas y puede sentarse sin ayuda. El Sanador Mayor retira las manos de la frente de ella, con una expresión de asombro absoluto y se retira casi con miedo.—Es increíble, Majestad —dice el anciano, mirando a Lía—. Su loba... no murió.—¿Qué? —Lía deja caer la taza de té que sostenía—. Pero ella dijo que dejó de sentirla. Se supone que el veneno mata al lobo…—El veneno la obligó a entrar en un estado de hibernación profunda, casi catatónica, para proteger el núcleo vital de su humana —explica el sanador—. Al retirarse la toxina, la loba está despertando. Es débil, sí, y tardará unos días más en recuperar su fuerza completa, pero está ahí. Su madre es tan fuerte como usted, mi Reina.Lía se cubre la boca con las manos, con los ojos llenos de lá
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