Cuando Thomas salió de la oficina de Annie, cerró la puerta con suavidad detrás de sí y caminó unos pasos por el pasillo antes de detenerse. No tenía realmente un destino inmediato, pero tampoco quería quedarse allí, frente a esa puerta, como si estuviera esperando algo que ya sabía que no iba a ocurrir.Había esperado una reacción. No necesariamente una confesión, ni siquiera una discusión. Pero sí algún gesto, alguna señal de que sus palabras habían movido algo en ella. Annie siempre había sido transparente en ese sentido; cuando algo la tocaba, era difícil que lograra ocultarlo por completo. Sin embargo, esta vez había sido distinto. Se había mantenido firme, impenetrable, como si hubiera levantado un muro inmenso entre los dos. Su voz, su forma de dirigirse a él, incluso el uso deliberado de su apellido, todo había tenido una distancia que Thomas no había visto antes en ella. Se pasó una mano por el cabello mientras avanzaba lentamente hacia su oficina. Tal vez era lo mejor.
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