POV de AnnieLos encuentros con Thomas se volvieron cada vez más frecuentes y más necesarios. Ya no se trataba solo de vernos. Aquello se había convertido en una rutina que marcaba mis días.Cada mañana, al despertar, encontraba un mensaje suyo. A veces breve, otras más extenso, pero siempre suficiente para arrancarme una sonrisa antes incluso de salir de la cama. Era como si, a pesar de la distancia, estuviéramos conectados desde el primer instante del día.Al mediodía, cuando salía a almorzar, mi teléfono sonaba antes de que llegara a su casa. Era él. Su voz lograba calmar cualquier tensión acumulada en el día, cualquier preocupación. Y al final de la tarde, siempre estaba allí.A unos cuantos metros de la empresa, esperándome. Subía al coche y, sin necesidad de muchas palabras, sabía hacia dónde íbamos, a nuestro escondite secreto. Allí, el mundo dejaba de existir. Hablábamos, reíamos, nos desahogábamos y en medio de todo eso, el deseo crecía, inevitable, intenso, envolvente.
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