Esa tarde intenté hablar con Annie varias veces, antes de ir a buscarla como de costumbre. Había surgido un imprevisto de última hora que exigía de mi presencia en la constructora hasta pasado el horario de su salida.
La llamé más de una vez, pero no respondió. Imagine que tal vez debía estar muy ocupada y terminé enviándole un mensaje. Su respuesta llegó minutos después.
“No te preocupes. No necesitas venir hoy. No siento bien”
Solo llegó un mensaje distante, que no se parecía en nada a e