Sebastián deslizó su mano hasta la cintura de Dalia, uniendo más sus cuerpos y profundizando el beso. Pero pronto abrió los ojos de golpe al sentir algo salir de su mano, y la vio sonreír, balanceando el control.— ¡Lo tengo! Qué decepción, señor Castilho. Un guardaespaldas de su nivel siendo engañado por un beso. —Sebastián cerró los ojos, intentando calmar su cuerpo, y volvió a abrirlos, decidido a recuperar el control y su dignidad.Dalia vio su mirada y quiso huir, pero fue derribada sobre la alfombra, y Sebastián volvió a quedar encima de ella, sujetando sus muñecas por encima de su cabeza.— ¡Eh! ¡Eso no vale! — se quejó Dalia, viéndose completamente inmovilizada debajo de él.— ¿Cómo que no? Acaba de usar un truco muy bajo para engañarme. —— No es mi culpa si eres tan fácil de engañar. —— Sí lo es, por dejarme adicto a tus besos. —Sebastián se inclinó, dispuesto a robarle un beso como revancha, pero su celular sonó sobre la mesa de centro.El hombre gruñó, frustrado, jurand
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