Sebastian conducía en silencio, con la expresión aparentemente tranquila de siempre, pero por dentro estaba inquieto.A cada minuto, miraba por el retrovisor solo para ver la figura de la joven encogida en el asiento, mirando al vacío.Suspiró, perturbado por la situación. Quería saber qué había ocurrido, y miles de suposiciones comenzaron a cruzar su mente; al recordar el día en la terraza, pensó que algo similar podría haber pasado.Esa simple posibilidad fue suficiente para hacerlo apretar el volante con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.Volvió a mirar por el retrovisor, listo para preguntar, pero terminó viendo un coche negro detrás de ellos por tercera vez.Ya le había dado varias oportunidades al vehículo para adelantar, pero seguía allí. Aquello no le parecía nada bien.— Señorita, por favor, póngase el cinturón — indicó él, serio, manteniendo los ojos fijos en la carretera.Dalia salió de sus pensamientos y miró al guardaespaldas, confundida.— Parece que n
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