El coche se detuvo frente a la entrada de la mansión, y el conductor bajó, yendo a abrir la puerta del asiento trasero para ayudar a la joven a descender.Dalia salió del vehículo y levantó la mirada; quería pedirle que no contara nada de lo que vio a su padre, pero dudó. Probablemente no le haría ningún favor y, con certeza, contaría todo para ganar puntos, así que sería inútil.— ¿Quieres que te acompañe? — preguntó Sebastian, con su voz grave y tranquila, mirándola de una forma diferente, pero, antes de que ella pudiera identificar qué era, escuchó detrás de sí una voz que la hizo helarse.— ¡Dalia! —La joven se giró y vio a su padre, que acababa de llegar, acercarse a ella.— P-papá... — Dalia bajó la mirada y dio un paso atrás, pero su cuerpo aún débil la traicionó, y tuvo que ser sostenida por el guardaespaldas detrás de ella.Leonardo frunció el ceño y miró a su hija de arriba abajo: el estado desaliñado, los ojos somnolientos, la falta de equilibrio...— Tú... ¿Tú bebiste? —
Leer más