AdirOrdené que mis hombres capturaran a las dos mujeres durante el evento de aquella noche. La instrucción fue directa, objetiva. Sin margen para errores. Aun así, solo Laila fue traída hasta mí. Cuando pregunté por Leila, me informaron que había dejado Dubái horas antes. La buscaron en las calles cercanas, en la residencia de su madre, en los lugares que frecuentaba, pero ya no estaba en la ciudad.Respiré hondo, conteniendo la irritación. Leila no huyó por casualidad. Percibió que algo saldría mal y decidió desaparecer, abandonando a Laila. Si ambas hubieran salido juntas, solas, sin la protección de un hombre, seguramente habrían llamado la atención. Leila lo sabía. Prefirió salvar su propio pellejo.Laila fue puesta de rodillas frente a mí. Las manos atadas detrás del cuerpo, el rostro marcado por el miedo.Adir: — No deberías haberte cruzado en mi camino, Laila. Te advertí que permanecieras lejos, que siguieras tu vida con discreción. Pero conspiraste contra mí. Contra mí y cont
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