ISABELLACuando llegamos a la galería a las ocho de la noche, casi no la reconozco.Damián no solo había pagado la cuenta del café y soltado una amenaza, había movilizado a su gente en cuestión de horas, la calle estaba vigilada por guardias de seguridad de traje oscuro, había alfombra roja en la entrada, meseros con bandejas de cristal sirviendo champán francés del caro y la iluminación había sido ajustada a la perfección.El modesto evento bohemio de Bruno se había convertido en el evento social de la temporada.Yo llevaba un vestido largo de seda negra, elegante pero sencillo, con un escote en V que dejaba protagonismo a un collar de esmeraldas que Damián había sacado de la caja fuerte familiar esa misma tarde. Si vas a ser la reina de la noche, tienes que llevar las joyas de la corona, me había dicho al abrocharlo en mi cuello.Él caminaba a mi lado, imponente en un esmoquin negro hecho a medida, su mano descansaba firmemente en la base de mi espalda, guiándome, protegiéndome, mar
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