Habían construido un nuevo orfanato, no eran simples cuartos donde dormían, era una mansión inmensa con jardines y parques, dónde cada niño tenía una vida con dignidad. Era una gran organización, dónde las madre solteras tenían apoyo, al igual que los ancianos.La estancia de doña Olga, era un inmenso huerto, con corrales y pastos para todas las vacas que tenían.Una tarde, mientras Abril dibujaba en el suelo de la sala, Oli se apoyó en el marco de la puerta observando a Claudio armar un castillo de bloques con su hija.—Cinco años. —murmuró.Él levantó la vista.—¿Tan rápido?Ella asintió.—¿Te arrepientes de algo?Claudio se quedó en silencio un momento. Miró a Abril, concentrada intentando colocar una pieza demasiado grande en un espacio pequeño.—No, nunca . —respondió con calma.—Sabes, yo siempre soñé con una familia grande, tener hermanos, para jugar, compartir y porque no... también pelear, esa parte de la hermandad. —dijo Oli sentándose junto a ellos.—Mi madre murió cuando
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