Elena sentía que el corazón se le salía por la boca mientras iba en el asiento del copiloto. Sofía manejaba como una loca por la autopista hacia el aeropuerto, esquivando carros y mirando por el retrovisor a cada rato, con las manos apretadas al volante.Elena no soltaba su bolso donde llevaba el pasaporte, como si fuera su única tabla de salvación.—Dale más rápido, Sofía, por lo que más quieras —le suplicaba Elena con los nervios de punta, mirando hacia atrás cada tres segundos.—¡Estoy dándole a todo lo que da este pote, Elena! —respondió Sofía, con la voz entrecortada—. Pero si nos para un fiscal va a ser peor.—Es que no lo entiendes, Dilan no es un guardaespaldas, se llama Dante Vontobel, es un monstruo con demasiado dinero. Si me agarra, no voy a volver a ver la luz del sol. Y mi bebé... Sofía, él cree que el niño es de Liam y quiere usarlo para su venganza. ¡Tengo que sacarlo de aquí!Sofía la miró un segundo con lástima, viendo cómo Elena se abrazaba el vientre.—Tranquila, E
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