Los platos estaban casi todos lavados. El reloj de la pared marcaba las 21:36. La cocina aún conservaba ese aroma acogedor de comida hecha con cariño, pero ahora era el olor del café recién preparado el que dominaba el ambiente. Zoe, en calcetines, ya tomaba su segunda taza en el balcón, observando el cielo estrellado, mientras David y Tiago estaban en la sala, enfrascados en una partida de videojuegos.En el pasillo, April acomodaba discretamente su cabello, ahora medio suelto, con algunas ondas cayendo. Pasaba los dedos entre los mechones con una ansiedad contenida. Sabía que la noche llegaba a su fin… y con ella, un momento que, de algún modo, parecía inaugurar una nueva etapa en su vida. Tomás estaba afuera, en el porche, con las manos en los bolsillos y una leve sonrisa en los labios. Observaba el jardín ilumina
Leer más