[Punto de vista de Aurora] El camino de regreso a mis aposentos parecía una persecución a toda velocidad, pero era yo quien huía de mi propia piel. En mi cabeza, Alvin era una bestia enjaulada, arañando mis costillas hasta que parecía que se romperían. Llevaba tres horas luchando por el control, y sabía que si lo soltaba un segundo, destroza el castillo hasta quedar encima de Aurora. "Galvin, ¿estás bien?", me gritó Lucas desde atrás, con la voz tensa por la preocupación. No respondí. Pero al cabo de un rato lo vinculé mentalmente para que dejara de seguirme. Y lo hizo. Es nuestra, resonó la voz de Alvin en mi cráneo, profunda y hambrienta. Deja de luchar contra ella. Su olor es lo único que importa. Ve con nuestra compañera. Basta, Alvin, no tiene olor. Es la hija del enemigo, le espetó, apretando los dientes con tanta fuerza que me dolía la mandíbula. Es una mocosa sin lobo enviada para debilitarnos. No es una compañera, es una distracción. Mentiroso —siseó Alvin—. Es e
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