Cuando el cigarro se acabó, fue como si las baterías de ella se reactivaran.—¿Bailas?—No.—¡Estás en una fiesta!—¿Me ves cara de que sé bailar?—Sí—dice ella, el suelta un bufido.—¡Solo quiero lo que vine a buscar!—Vamos, hombre, no seas aburrido —le dijo, sin darle tiempo a reaccionar, mientras tiraba de su mano y lo llevaba al centro de la pista con una fuerza increíble.—No soy mucho de bailar… —comenzó a decir, tratando de disuadirla, pero ella lo interrumpió con una sonrisa retadora.—¿Ah, no? Bueno, siempre hay una primera vez para todo.Sin darle opción a escapar, empezó a moverse al ritmo de la música, sus caderas siguiendo el compás con una facilidad que dejaba a Hugo sin palabras. Él, aunque un tanto incómodo, comenzó a moverse, contagiado por la energía y el entusiasmo de ella, que lo miraba con una intensidad que parecía traspasarle la piel. Como si lo quemara, sentía el fuego en su piel, todo ardía y mucho más con los movimientos de ella.—Dime una cosa, ¿siempre ere
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