Grecia lloraba sin consuelo. —Hija, atiéndeme, yo sé que te he sobre protegido mucho, toda la vida ha sido así, puede ser que no haya hecho las cosas bien, pero ya eso no tiene remedio, voy a protegerte siempre, por eso impedí que te casaras con Emilio, no es hombre para ti, tiene deudas de juego. —Él me dijo que ya las estaba pagando. Antonio sonrió y negó con la cabeza —no hija no, son más de 5 millones lo que debe. Grecia abrió los ojos y la boca por igual —es demasiado dinero para una deuda de juego. —No lo es, porque no es la deuda de una noche de casino, no, son deudas más intereses de años, son deudas de juegos clandestinos, salones donde se juega duro, donde se gana o se pierden millones y en este caso él los perdió, es un adicto hija, un ludópata y eso no es algo que tú merezcas. Antonio respiró profundo y se sentó, su enfermedad le estaba pasando factura a cada segundo. —No sé si casarte con Draco fue la mejor decición pero por lo menos con él vas a estar a sal
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