—Gracias por traerme —dijo Emma en la puerta de su edificio. —Espera —Hermes se quitó el cinturón de seguridad y se acomodó más seca de ella —¿en serio te caigo mal o es miedo contenido? —¿Miedo? Miedo a qué. —A esto. Hermes, sin darle tiempo a Emma para que analizara le agarró el rostro y la besó, se separó solo unos segundos de ella para ver la reacción de la muchacha y al ver que todo estaba bien, sonrió y la volvió a besar, enredaron las lenguas como si no hubiese un mañana, dejó de de besarla en la boca para adueñarse de su cuello. —¡Ah! —Emma gimió al sentir las manos de él rosándole un pezón. —Me gustas Emma —le dijo mirándola fijo a los ojos —me gustas desde la primera vez que te vi. —En cambio tú me caes mal, eres prepotente, me desnudas con la mirada —le contestó ella molesta y excitada por igual. —Te desnudo con la mirada mientras que no pueda hacerlo con mis manos, porque si Emma, te voy a follar —le dijo serio—el cuando depende de ti, pero va a suceder.
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