—No —espeté, más fuerte esta vez, mi voz resonando en la habitación.—Son alfas. Son mis cachorros. Deberían estar bien —grité.Me acerqué, mi mano temblaba al extenderla, pero no podía tocarlos. No quería, porque si lo hacía, se volvería real.—Daemon —llamaron mi padre y Penny desde atrás, sus voces cargadas de algo que no quería nombrar.—Simplemente no están llorando —dije rápidamente, volteándome para mirarlos.Vi lágrimas en los ojos de Penny, e incluso mi padre parecía conmocionado.—Eso es todo. Simplemente están callados. Son hijos de un alfa, no van a llorar —insistí, tratando de explicarlo, y lo peor fue que nadie me corrigió, pero tampoco nadie estuvo de acuerdo conmigo.Me di la vuelta y extendí la mano de nuevo, finalmente tocando a uno.Hacía frío. La piel estaba fría de una manera que no debería haberlo estado. El mundo de repente ya no se sentía igual. Sentí como si hubiera dejado de respirar, como si todo a mi alrededor hubiera comenzado a cerrarse.Todo se quedó en
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