Cuando llegué al hospital, me di cuenta de que era exactamente la hora de la importantísima operación del médico. Lo vi caminando hacia la habitación de Baxter para revisar primero sus tubos. Estaba escondida detrás de la puerta, observando todo con atención.
Tan pronto como entró, me cubrí la cara y me moví rápidamente al panel de emergencias. Pulsé el botón sin dudarlo. En cuestión de segundos, las alarmas comenzaron a resonar por todo el hospital.
—¡Fuego! ¡Fuego! —gritaba la gente mientras