Alejandro Rodríguez, ese hombre que siempre vestía de forma impecable. Que recorría países sin que nadie lo detuviera. Ahora era un hombre de familia con una hermosa esposa y tres hijos a los que adoraba. Sobre todo al más pequeño, a Archivald, el niño que se había convertido en su sombra. (...) Ese día a la hora de la comida, Alondra aprovechaba al maximo a su padre. — Papá, cortarme el filete, ¿Si? — Claro nena, y dime, ¿Cómo te fue en la escuela hoy. — Me fue super bien, tengo las mejores notas de mi clase. Pero... Liam siempre tenía mejores notas que yo. ¿Crees que en su nueva escuela lo esté pasando bien? — Liam estará bien aunque se vaya a estudiar al Himalaya, él es alguien muy especial. El pequeño Archivald, observaba la escena desde su asiento. Su hermana se hacia la consentida con su padre. El niño de pronto se levantó y llevó su plato. — Papá, ¿Me ayudas a cortar mi filete? El empresario enarcó un ceja. No era usual que Archi, le pidiera ayuda
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