La Academia Bellavista estaba más silenciosa que nunca. Muchos estudiantes se había graduado y se habían marchado a sus hogares que quedaban en diferentes países del mundo.
Los enormes jardínes seguían impecables.
Las fuentes continuaban adornando los patios centrales y los edificios históricos conservaban la misma elegancia que había convertido al colegio en uno de los más exclusivos del mundo.
Pero algo era diferente.
Archivald Rodríguez, lo notaba cada vez que caminaba por aquellos pas