El personal médico se retiró a seguir sus rondas, Andreina, estaba delicada pero más estable. Ella ya no estaba llorando, solo estaba callada observando el cielo por la ventana. Un ruido vino de la puerta, ese era Maurice, que había traído un carrito con alimentos. Sopa de pollo, betabel cocido, unas piezas de pan con mantequilla, jugo, frutas, y algo más. — Buenas tardes señorita Ferreira, ¿Tiene hambre? Espero que si, le he traído comida que le ayudará a nutrir su cuerpo. — Yo... Gracias, es usted muy amable, pero no tengo apetito, además no lo conozco. — Oh sí, soy Maurice, el asistente del CEO Rodríguez, estoy a sus órdenes. — El hombre que llevaba gafas de montura plateada, se las acomodó mientras se presentaba. — ¡Comerás! Maurice, déjanos a solas. — Por supuesto. — El hombre salió rápidamente, en la voz de su jefe había una notable molestia. — Alejandro, te agradezco mucho todo lo que has hecho por mi, la habitación, los médicos que me están atendiendo, incluso
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