POV ElíasHe asistido a docenas de bodas a lo largo de mi vida. Eventos de alta sociedad, catedrales góticas, fincas pretenciosas y banquetes donde el caviar importaba más que los novios. Siempre las consideré un error de cálculo monumental: una exhibición pública de promesas frágiles que, estadísticamente, acabarían colapsando en menos de una década.Pero hoy, de pie sobre una inmensa losa de hormigón recién fraguado en medio de la sierra de Madrid, me doy cuenta de que el único error de cálculo de mi vida fue pensar que podía vivir sin ella.Me ajusto los gemelos de plata del traje oscuro a medida, aunque, por primera vez, he prescindido de la corbata. El viento de finales de primavera agita los pinos que rodean nuestra parcela. El cielo está despejado, de un azul tan intenso que casi duele mirarlo.No hay bóvedas góticas ni alfombras rojas. Nos estamos casando exactamente en el punto geográfico donde, dentro de ocho meses, estará el salón de nuestra nueva casa. La cimentación ya es
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