CAPÍTULO 263 La niña de las dos patrias Alessandra Giménez cumplía diez años. Y, como pasaba desde que tenía memoria, la casa Monteiro amaneció distinta. No solo por los globos blancos, dorados y rojos que Ofelia había elegido con cuidado. No solo por la mesa dulce preparada en el jardín, ni por las pequeñas guitarras decorativas que Franco había mandado hacer para las sorpresitas. Era distinta porque Alessandra se despertó más grande. Ofelia lo sintió apenas la vio entrar a la cocina. La niña llevaba el cabello rubio suelto, largo, apenas ondulado en las puntas. Tenía los ojos brillantes, una sonrisa tranquila y esa forma de mirar que siempre había tenido, como si entendiera más de lo que los adultos decían. —Feliz cumpleaños, mi amor —dijo Ofelia, abriendo los brazos. Alessandra corrió hacia ella, pero ya no se trepó como cuando era pequeña. La abrazó fuerte por la cintura, apoyando la mejilla contra su pecho. —Gracias, mami. Ofelia cerró los ojos. Mami. Diez
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