Una vez más, Renato quedó satisfecho con la respuesta de su esposa. Hacía tiempo que deseaba un momento así, solo los dos, sin interrupciones, sin el llanto del bebé a cada hora, sin la rutina exigiendo atención todo el tiempo.No es que no amara cada segundo al lado de su hijo, pero echaba de menos a Sara. Como mujer. Esa conexión entre ellos que, por tantas circunstancias, había quedado en segundo plano.Mientras la observaba frente a él, iluminada por la luz del ambiente, se dio cuenta de cuánto lo necesitaba. No era solo estar a solas con ella, era reconectarse, mirarse a los ojos, hablar sin prisa, sentir esa cercanía que iba más allá de la rutina.—Extrañaba esto… —confesó, sin apartar la mirada.Curiosa, Sara inclinó ligeramente la cabeza.—¿Esto?—A nosotros —respondió, simple.Ella se quedó en silencio un instante, asimilando sus palabras.—Yo también.El camarero llegó con los platos y los sirvió.Mientras cenaban, intercambiaron miradas discretas, sonrisas, pequeñas convers
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