La difunta señora había conseguido en su día, no se sabía por qué medios, un manantial medicinal, cuyo efecto curativo era extraordinario. Cuando la señorita Lydia era pequeña aún podía bañarse allí, pero desde que el señor Hiram tomó el control, ya no le permitió volver, lo que provocó que la salud de Lydia empeorara cada vez más.—¿Mi segundo hermano… se preocuparía de verdad por alguien? —Lydia era incapaz de imaginar aquella escena.En su recuerdo, Hiram siempre había sido terrible y frío como el hielo.A principios del año anterior, ella estaba en casa pintando cuando, de repente, estallaron disparos por todas partes. Puertas y ventanas saltaron por los aires, y una multitud de hombres armados irrumpió en el castillo.Criados y guardaespaldas fueron reducidos y tirados al suelo.Ella permaneció aterrada en el sofá, viendo cómo Hiram descendía como un demonio, vestido con un abrigo negro, los ojos llenos de sed de sangre. Con las manos manchadas de rojo, sujetaba un arma y pisaba
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