114. No soy una debilidad
AlaricEntro a la sala con Lyra a mi lado y, como siempre, el ambiente cambia en cuanto cruzamos el umbral. No es algo que se diga en voz alta, pero todos lo sienten. Ismael está inclinado sobre la mesa central, con los mapas desplegados bajo sus manos. Mateo permanece de pie junto a la pared, con los brazos cruzados, atento, vigilante. Cale, como de costumbre, se mantiene un poco más atrás, en esa posición intermedia entre presente y ausente que todavía no termino de decidir si me gusta o me inquieta.Nadie habla.Todos esperan.Suelto lentamente la mano de Lyra, aunque el vínculo entre nosotros sigue vibrando con fuerza, más consciente que nunca. No necesito mirarla para saber que está tensa. Yo también lo estoy, pero no lo demuestro. Camino hasta la mesa, apoyo ambas manos sobre la madera y dejo que el silencio se estire un segundo más antes de romperlo.—Cierren las puertas.Mateo obedece de inmediato. El sonido del cierre resuena con más fuerza de lo que debería, como si marcara
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