Al llegar a la oficina, Beth fue a ver a Ryan. Empujó la puerta del despacho con una sonrisa ya formándose en sus labios.—¿Quería verme, señor?Ryan levantó la vista de sus papeles; sus ojos se demoraron en el rostro de ella un instante más de lo habitual. Su expresión era ilegible, una mezcla de preocupación y algo más que ella no alcanzaba a descifrar.—Sí, Beth —dijo finalmente, lento y deliberado—. Claire me informó de que la señorita Aurora te había enviado fuera. Mira —continuó, recostándose en su silla—, cuando te asigné para trabajar con ella fue porque vi tu pasión por el diseño. Si las cosas no van bien, o si sientes que no estás obteniendo la experiencia que esperabas, por favor, sabe que siempre puedes acudir a mí. Estoy aquí para ayudarte en lo que pueda.Beth sintió una oleada de emociones encontradas. Aunque apreciaba la preocupación de Ryan y su disposición a apoyarla, no podía sacudirse la inquietante idea de que su amabilidad nacía de su parecido con su difunta
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