Alexander le acarició la mejilla y, de repente, el aire se cargó de electricidad. Su mirada ardía, con el deseo parpadeando en sus profundidades. Sus dedos rozaron las comisuras de los labios de ella.Beth, intuyendo sus intenciones, retrocedió torpemente.—Tu café —tartamudeó, desesperada por una distracción—. Se está enfriando.Se levantó para marcharse, pero la mano de él salió disparada, atrapando su muñeca. El anhelo en sus ojos le provocó una sacudida. Una batalla rugía en el interior de Beth. Una parte de ella ansiaba derribar el muro que había construido, dejarse llevar y fundirse con él. Pero la otra parte, todavía herida y sangrante, se aferraba a su rencor.No.El perdón seguía estando fuera de su alcance, al menos hasta que él prometiera cortar los lazos con Aurora.Ding-Dong...Se sobresaltó cuando el timbre sonó de repente, rompiendo el hechizo entre ellos.—¡Ah, esa debe de ser mi hermana! —exclamó Alexander, quizás con demasiado entusiasmo—. ¿Por qué no vas a
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