El alta llegó el jueves al mediodía.Henrik mandó un mensaje a las doce y cuarto: en casa mañana. Una sola línea. Sin puntuación adicional, como siempre que Henrik comunicaba algo que para él era un hecho y no una noticia.Nathan leyó el mensaje en la cocina.Fue al estudio de Evelyn.—Mañana en Brooklyn —dijo desde el umbral.Evelyn no levantó la vista del cuaderno nuevo.—¿A qué hora?—No lo dice. Por la mañana.—¿Vamos?Nathan lo consideró.—No. —Una pausa—. Es su casa. El primer día en su casa es de ellos.Evelyn dejó la pluma.—Sí —dijo—. Leo y Olivia sí van.—Lo sé. Nosotros, la semana que viene.Evelyn cogió la pluma de nuevo.—Bien —dijo.Y era la respuesta correcta. La misma lógica de siempre: el espacio de quien llega a su propio lugar tiene que ser primero de quien llega. Los padres pueden esperar. Los gemelos, que eran de la misma generación que Helena aunque de otra rama de la familia, tenían derecho a llegar antes.Nathan volvió a la cocina. Mandó un mensaje a Leo: mañan
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