LIBRO 2: EL ECO DE LA SANGRECapítulo 24: La Iniciación de la SombraEl Mar de Andamán era un espejo de tinta bajo una luna que observaba, indiferente, la agonía de la Estación Medusa. La cápsula de escape de Aura se mecía en el oleaje, una pequeña mota de titanio y supervivencia. En su interior, el aire era escaso y estaba cargado con el olor del miedo y el rastro persistente del deseo que, apenas una hora antes, había saturado sus sentidos en el Santuario Coral. Aura abrazaba a Leo, sintiendo el calor del pequeño contra su pecho, un recordatorio palpitante de por qué sus manos seguían firmes a pesar de que el alma se le desmoronaba por la ausencia de Gabriel.De repente, una sombra colosal emergió de las profundidades, no como un monstruo marino, sino con la sofisticación silenciosa de un destructor furtivo. No llevaba las insignias de la Red Blanca. Una pasarela se extendió y, para asombro de Aura, la figura que encabezaba el equipo de recuperación no era un soldado anónimo.—Súbanl
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