Pero no es así, ya van tres días y nadie de la mansión ha aparecido, bueno, solo su ex suegro ha llegado a saludar y luego se marchó cuando su esposa le dijo que ella aún no pretende irse porque aquí se siente bien y respira paz, no como en la mansión que hasta le dan ganas de darle unos buenos fajazos a sus dos hijos que le sacan canas verdes por andar con una mujer y otra a la vez.—Mamá, usted me va a disculpar, pero no podré presentarme a su fiesta de cumpleaños mañana, usted me comprende, verdad. —Le comenta Camila, sintiendo mucha pena.—No te preocupes, hija, esta vez no me lo van a celebrar los inútiles de mis hijos y mi esposo.—Lamento revelar el secreto, pero sí, ellos le están preparando una fiesta y… me han invitado. —Confesó, ahora sintiéndose como una traidora, porque ya no será fiesta sorpresa.—Como siempre, estos muchachos lo planean a mis espaldas y me lo dejan saber hasta el mero día cuando las estilistas ya están por entrar a arreglarme. —Se queja la señora, cruza
Leer más