Cristina escuchó los sonidos raros y se emocionó, pero a la vez se entristeció porque cree que es otro de los fieles que castigan a los traidores como ella.—¡Prima! ¡Cristina!Clamaron los hombres que acaban de ingresar y se ayudan alumbrando con las linternas de sus celulares.—Estamos aquí, prima, tu novio y yo hemos venido a rescatarte.—Shhh, cierra la boca, mocosa, si te atreves a hablar, ya sabes que te irá muy mal. —Le secretea al oído, el hombre que la acompaña, sí, ella no está sola, el maldito cacique está junto a ella y justo en este momento estaba forcejeando con la chica para abusar de ella.—¡Aquí estoy! —Gritó Cristina, no importándole el hecho de que el hombre la estuviera amenazando con destrozarle el rostro con el puño de su mano.—Hey, que haces. —Dijo el chico al encontrarlos.—Suéltala, maldito. —Ordenó Kervin.—He dicho que la sueltes, bestia, ¿acaso no lo escuchas? —Exige Kervin, sacando un arma de fuego.El chico que le acompaña se ha quedado boquiabierto, ya
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