Evelyn estaba sentada en el borde del muelle de madera, con las piernas colgando justo por encima de la superficie cristalina del lago. Su cámara colgaba de su cuello, descansando contra su pecho, y su sombrero protegía sus ojos del suave sol de la tarde. La conversación con Lena se repetía en su mente.Después del abrupto final de su primera llamada, había vuelto a intentarlo, con la preocupación formando un nudo obstinado en su estómago. Lena finalmente había contestado, sin aliento, disculpándose por cortar la llamada y diciendo que algo había surgido y había tenido que apartarse. Esta vez su voz sonaba más estable.Había restado importancia a la preocupación de Evelyn, recuperando su tono familiar y burlón. Hablaron durante un buen rato. Lena había bromeado sobre souvenirs y luego, inevitablemente, había vuelto a Roman.—Solo… intenta estar en el momento con él, Eve. ¿Contrato o no, ahora es tu esposo? Tal vez incluso tengan hijos algún día. —Hizo una pausa y soltó una risa ligera
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