La cueva olía a té de hierbas y desesperación apenas contenida.Elena yacía en el centro, envuelta en todas las mantas secas que pudimos reunir, su respiración superficial pero regular. Vera se arrodillaba a su lado, presionando dedos contra el pulso de la niña, frunciendo el ceño con concentración profesional que no ocultaba completamente la preocupación.—Su corazón late demasiado rápido —murmuró Vera—. Como si acabara de correr kilómetros. Pero no se movió de la cueva anoche, yo la vigilaba.—Se movió. —Patricia estaba apoyada contra la pared, brazos cruzados—. Solo que no con su cuerpo.Todos la miramos.—Proyección astral. Vi referencias en los archivos de Aurora. Morrison la estaba estudiando, intentando inducirla artificialmente. —Señaló a Elena—. Pero ella puede hacerlo naturalmente. Su mente viaja mientras su cuerpo duerme.—¿A dónde viajó? —preguntó Dante, su voz tensa.—A Prometeo. —Sera habló desde la entrada, todavía encadenada pero ahora custodiada por Kael en lugar de
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