Laura soltó una breve carcajada, cruzándose de brazos mientras negaba con la cabeza hacia su marido.— De verdad que eres un payaso, doctor. — respondió, con ese brillo afilado y divertido en la mirada. — Hay un hombre aquí que quiere pasar el próximo mes durmiendo en el sofá… bajo observación… hasta que nazca el bebé.Edgar abrió los ojos de inmediato y levantó las manos en señal de rendición.— No digas eso ni de broma, mi amor. — dijo, acercándose a ella con falsa seriedad. — Hay palabras que atraen malas energías.Bajó la voz y añadió junto a su oído, con ese tono tranquilo y provocador de siempre:— Además, tú no aguantas quedarte sin postre… te encanta chupar piruletas.Laura se atragantó con su propia risa y le dio un suave golpe en el brazo.— ¡Edgar!Ísis giró el rostro, conteniendo la risa para no sentir que el abdomen le tiraba. Alex bajó la cabeza, anticipando el desastre. Luna, que observaba todo con absoluta atención, abrió mucho los ojos.— Mamá… ¿por qué vas a castigar
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