Vi a Alice desaparecer por el pasillo, sus pequeños pasos perdiéndose en la distancia. Sentí una opresión en el pecho como siempre en momentos como este, cuando deseaba algo que no estaba seguro de que debiera tener. La abracé con fuerza cuando entró corriendo en la habitación antes, pero incluso en mis brazos, sentí el peso del mundo oprimiéndome, la inquebrantable necesidad de protegerla de cualquier cosa que pudiera hacerle daño.Y, sin embargo... hoy, no pude evitar la punzada de alivio que sentí cuando Lily entró. No discutió, no alzó la voz, no presionó. Simplemente me miró, tranquila y firme, y habló de una manera que atravesó la niebla de mi preocupación.Tiene razón, admití en voz baja. No puedo robarle sus momentos. No puedo encerrarla en el miedo.Lily me había tomado las manos entonces. Solo nuestras manos, nada más. Cálidas, familiares, arraigadas. Fue un gesto pequeño en tamaño, pero enorme en su efecto. Sentí que mi tensión se aflojaba un poco, que la presión de hierro
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