Ares terminó riéndose de mi preocupación, pero solo me dio un besito en la cabeza antes de salir de la cama y caminar hasta la puerta. Tan pronto como la abrió, nuestro hijo corrió dentro y saltó sobre el colchón, entonces le pedí disculpas acariciando su cabecita peluda.—Ya vuelvo, cariño —avisó Ares, caminando en dirección a la oficina en casa. Momentos después, regresó a la cama y se sentó a mi lado, con algunas de mis tarjetas de estudio en la mano.—¿Qué es eso? —pregunté, curiosa como siempre.—Mi pedido para ti —respondió, pero eso no explica mucho.—No entendí…Me tomó de la mano, luego me hizo sentarme entre sus piernas de nuevo, ahora apoyando mi espalda contra su pecho, y me entregó las tarjetas, pero me sorprendió verlas llenas, aunque no con mi letra. Todas están escritas con la letra de Ares.—Dije que quería ayudarte a relajarte, ¿no? —recordó Ares, con la barbilla apoyada en mi cabeza—. Quería esto porque sé que la última semana ha sido difícil para ti. Sé que estás c
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