—Señor… lamentamos la demora. Hicimos todo lo posible por salvarlo, pero, lamentablemente, no hubo nada más que pudiéramos hacer —dijo el médico con voz serena, pero cargada de pesar—. Lo sentimos mucho.Hizo una breve pausa antes de continuar.—Por ahora, su esposa está estable. El impacto fue muy fuerte para ella, pero está fuera de peligro. La hemos sedado para que pueda descansar mientras continúa su recuperación. Puede visitarla si lo desea. Permítame acompañarlo a la habitación.Una vez dentro de la habitación, el médico preguntó si necesitaban algo más de él, pero se rindió pronto ante la muda negativa de Johnny. Bastó una mirada para entenderlo: esos ojos vacíos, cargados con una pena tan honda que parecía capaz de tragarse cualquier palabra. El médico comprendió que aquella pareja no necesitaba ciencia ni consuelo profesional, sino silencio… y tiempo para sostener su dolor sin testigos.Cuando quedaron solos, fue Johnny quien rompió la quietud, su voz temblando como una cuerd
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