Mientras tanto, a cientos de kilómetros de allí, el detective Rick Castillo no podía dejar de mirar el recorte de periódico. La imagen de Venus saliendo de la mansión hacia el helipuerto, captada por uno de sus informantes, le quemaba las manos. — Se la llevó — murmuró Rick, golpeando el escritorio — Ese maldito se la llevó a donde no puedo alcanzarla.Fabiola entró en la oficina con dos cafés, viendo la expresión de derrota en el rostro del amor de su vida. — Rick, deja eso. No puedes hacer nada ahora. Tienes que esperar a que vuelvan. — ¡No puedo esperar, Fabiola! — gritó Rick, levantándose y caminando de un lado a otro — Cada minuto que pasa con él es un peligro. Jack no es un hombre enamorado, es un depredador. Y ella está sola.Fabiola dejó los cafés y se acercó a él, poniéndole una mano en el hombro. Ella sabía que, aunque pasaba las noches con ella, el corazón y la mente de Rick estaban en otro lugar. Le dolía, pero su lealtad hacia él era más fuerte que su orgullo. — Jack
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