La casa del doctor Blake estaba en silencio, ese silencio pesado que no es calma sino soledad acumulada, rutina, años viviendo solo sin que nadie lo espere, entró cansado, agotado del día, del consultorio, de escuchar historias rotas, de cargar dolores ajenos, cerró la puerta y respiró como si por fin pudiera dejar el mundo afuera, dejó las llaves, se quitó el saco y lo lanzó sobre una silla sin cuidado, y en ese movimiento algo cayó al suelo con un sonido seco, la tarjeta dorada, otra vez esa maldita tarjeta que parecía perseguirlo.Blake se quedó mirándola largo rato, ese brillo que no era normal, ese color que no parecía real, ese nombre que no decía nada y al mismo tiempo lo decía todo, la recogió y la sostuvo entre los dedos, la miró con más atención, con esa incomodidad que no es miedo pero tampoco es tranquilidad.— El Oráculo… — murmuró bajito.Y algo dentro de él se movió, una sensación rara, una intuición, una alerta que no sabía explicar, y por primera vez no quiso ignorarl
Leer más