Valentina despertó con un dolor de cabeza atroz; un martillo constante golpeaba en su cráneo. Las náuseas no desaparecían, sino que se intensificaban. Intentó reconstruir la noche anterior, pero el pánico la paralizó. Estaba desnuda, en una cama que no era la suya, en una habitación de hotel desconocida. A su lado, un hombre dormía profundamente. Su brazo estaba extendido. Incluso en reposo, su perfil era impactante; tenía la mandíbula fuerte, cabello oscuro ligeramente revuelto. Un hombre atractivo, un perfecto desconocido. El terror la invadió. De repente, el recuerdo la golpeó; aquellos labios desconocidos sobre los suyos, los besos, la pasión desenfrenada. Se cuestionó, aterrada, llena de pánico. "¿Qué fue lo que hice? ¿Quién se supone que es él?" En medio de todo el desastre mental, supo que no podía quedarse ni un segundo más.Ella, que nunca había estado con nadie. Que, creyó que viviría su primera vez con Edward, se daba cuenta de que había arruinado todo. Se sentía sucia
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