SaraMe quedé mirándolo fijamente, con el corazón latiendo tan fuerte que parecía que iba a salirse de mi pecho. Las lágrimas seguían corriendo por mis mejillas, pero ya no eran solo de dolor. Eran de rabia, de deseo y de amor acumulado durante meses. James estaba sentado en el borde de mi cama, con esa mano grande todavía sobre mi muslo, quemándome la piel. Su olor me envolvía otra vez y mi coño, aún sensible por el orgasmo vacío que me había dado, se contrajo con necesidad.—Te amo —repetí con voz temblorosa pero firme—. Si tú no me amas de la misma forma, dímelo ahora y vete. Pero si me amas… no me dejes otra vez.Él cerró los ojos un segundo, como si le doliera escucharme. Cuando los abrió, su mirada era oscura, intensa, llena de algo que nunca había visto antes.—Sara… princesa —susurró con voz ronca—. Claro que te amo. Te amo como no debería amarte. Te deseo tanto que me estoy volviendo loco. Estoy cansado de luchar contra esto.Mi respiración se cortó. Escucharlo decirlo en
Leer más