Aquella noche, nadie conseguía dormir tranquilo. Ni Dante, ni Serafina, ni Alejandro, ni Luciano, ni Isabela. Todos sabían que algo se cernía sobre ellos. Algo que quizá pudiera acabar con todo para siempre.Y, por primera vez tras años llenos de mentiras, traiciones y luchas por el poder, la familia Romano se encontraba al borde de un final. Ya fuera la ruina total o, por el contrario, la liberación total.A la mañana siguiente, la mansión principal de los Romano se vio sacudida por una noticia. Beatriz Romano había desaparecido. Nadie sabía adónde se había ido. Su apartamento estaba vacío, su móvil apagado, varias de sus cuentas habían sido vaciadas durante la noche y, lo más preocupante, algunas personas de confianza también habían desaparecido.Antonio, que recibió la noticia justo mientras desayunaba, cambió de expresión al instante. “Señor Dante.”Dante levantó la cabeza. “¿Qué?”“Beatriz ha desaparecido.”El silencio invadió de inmediato la mesa del desayuno. Esteban, que soste
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