Luciano, al ver y escuchar a su mujer, dijo:—Señora Torres Cuautle, mucho gusto, le puedo asegurar que su hija, nieta, está en buenas manos. Espero que le haya gustado lo que hicimos con su tumba; sé que no tuve el honor de conocerla, pero debe saber que hizo un excelente trabajo en criar a Amelia.Ella es la mujer más amorosa, cariñosa, paciente y entregada que me ha tocado conocer. Siendo totalmente honesto, creo que si Amelia no hubiese aparecido en mi vida, yo no sería quien soy ahora. Ella llegó a mi vida y la de Almendra en un momento de oscuridad y, aunque su vida era gris, puedo confesar que con su sola presencia, con esos ojos café llenos de curiosidad y esa forma tan característica de ser, llenó nuestra vida de luz, de calor y, sobre todo, de amor.Señora Torres Cuautle, debe saber que voy a amar, cuidar y respetar a su hija todos los días de mi vida; además, debe conocer a sus nietos. —dijo Luciano, bajando de sus brazos a Olaf para que el menor y las niñas le ayudaran a
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