La luz suave de la mañana comenzó a filtrarse por las rendijas de las cortinas, bañando la habitación en tonos dorados. Isabella abrió los ojos lentamente, sintiendo un calor familiar y reconfortante que la rodeaba. Al principio, se sobresaltó ligeramente, pero al inhalar el aroma a sándalo y piel de su esposo, una sonrisa involuntaria iluminó su rostro.Se quedó allí, inmóvil, admirando a Dereck mientras él parecía dormir profundamente. Recorrió con la mirada cada línea de su rostro esculpido, la mandíbula firme, ahora relajada, y el pecho ancho que subía y bajaba con una respiración acompasada. No pudo evitarlo; deslizó su mano con suavidad por su torso, delineando sus músculos con una caricia cargada de afecto. En ese instante, una parte de ella quería creer
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