Dereck dio un paso al frente, y el aire en la sala pareció agotarse. Su mirada estaba fija en Gimena, analizándola como un depredador analiza a su presa.—Madre, ya te lo advertí en el hospital —dijo Dereck, su voz era un trueno sordo—. Estás en mi casa bajo mi permiso, y ese permiso se acaba de terminar. En cuanto a ti, Gimena... me resulta fascinante tu red de información. Sabías el lugar exacto, la hora exacta y el hospital exacto.Dereck se acercó a Gimena, quien retrocedió hasta chocar con una mesa. —Dime —susurró él con una frialdad que erizaba la piel—, ¿quién es tu informante? Porque voy a descubrirlo, y cuando lo haga, me aseguraré de que tú y tu familia pierdan hasta el último centavo de su relevancia social.Gimena tragó saliva ruidosamente, sintiendo el aliento gélido de Dereck sobre su rostro. Sus ojos se movieron con desesperación hacia Beatriz, buscando un ancla en medio de la tormenta, mientras sus dedos se apretaban contra su bolso con tan
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