JulietteMiré las fotos en mi regazo. Los rostros granulados, los tatuajes, los maletines, y luego levanté la vista hacia Seth. Él me observaba desde su lugar con una quietud tensa, esperando mi veredicto. El grisáceo resplandor de Londres se filtraba por el cristal, jugando con las sombras de su rostro. Delineaba la dureza de su mandíbula y esa belleza masculina que hacía que mi corazón golpeara con fuerza contra mis costillas.—Estás manipulando esto —dije, aunque mi voz tembló—. ¿Cómo sé que no son montajes? Tienes el dinero, el poder y los motivos para crear cualquier mentira.Seth dejó escapar un suspiro pesado, y se recostó en el asiento, aflojándose el cuello de la camisa con un gesto cansado que, por un segundo, me dejó ver al hombre agotado detrás del magnate.—No soy el héroe de esta historia, Juliette —dijo con voz ronca—. Probablemente soy el villano. Pero eso no quita que quiera protegerte, y lo sabes. Quédate con las fotos. Llévalas a un experto si quieres. Pero no vuel
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