Me acerqué a él, tomando la cabeza de Valentino en mi boca y sellándola herméticamente con mis labios. Tal como lo había anticipado, su sabor era celestial; su aroma, almizclado y delicioso, inundó mi paladar. La cabeza de su pene por sí sola era casi suficiente para llenarme la boca.Sin embargo, Valentino gruñó de placer, haciéndome saber que iba por buen camino. Lo miré con una sonrisa, dejándole verme con la boca llena. Tras un par de segundos, volví a mirar su pene y bajé la boca, azotando su cabeza y su miembro con la lengua mientras descendía.Habría sido imposible llevármelo hasta la garganta, pero hice lo que pude, llegando casi a la mitad antes de tener que volver a subir. Lo dejé caer de mi boca, acariciándolo con la mano derecha y cubriendo su cabeza de lametones y besos antes de tomarlo dentro de mí una vez más.Lentamente, me apartó de su longitud. Acomodé mi boca, con la mandíbula un poco dolorida por el trabajo.—¿Eso se siente bien?— pregunté.Fue perfecto. Ahora, ven
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