Sus mejillas se tiñeron de rojo. —Oye, intenta salir con alguien cuando tienes un niño de cuatro años al que cuidar—.
Entonces tenía cuatro años. Empecé a sospechar cada vez más que mis cálculos eran correctos.
—Cuéntame de tu hijita —dije—. Al fin y al cabo, parece que ella y Mick van a ser uña y carne.
Es inteligente. Y no me refiero a que sea un poco precoz, sino a que es inteligente. Ya aprendió a leer sola y puede sumar hasta veinte. Una de sus maestras de preescolar cree que debería hace