Las manos de Emma temblaban ligeramente mientras se miraba en el espejo. Hizo un gran esfuerzo para no dejar caer la lágrima que se asomaba en uno de sus ojos. Si lloraba ahora, arruinaría todo el trabajo de maquillaje y, sinceramente, después de lo mucho que la maquilladora había sufrido para dejarla perfecta sin que pareciera demasiado maquillada, sería casi una falta de respeto. Sienna, en cambio, no tuvo ninguna consideración por su propio maquillaje. Estaba a su lado, mirándola de pies a cabeza con una ternura que pocas veces se permitía mostrar tan abiertamente. Tenía los ojos llenos de lágrimas, los labios apretados y una mano sobre su vientre abultado de casi cinco meses. —Lo veo y no lo creo. Dijo mientras se secaba una lágrima con una servilleta, dejando el maquillaje intacto de una manera casi ofensiva. —Lo siento, estoy más hormonal que nunca. Emma no pudo evitar sonreír. Se acercó a ella y acarició con delicadeza su vientre, que lucía hermoso bajo el vestido turqu
Leer más