Sharon Holdings (Foster)El agua caliente de la bañera había quedado atrás, y con ella, las confesiones que habían quedado flotando entre el vapor y las esencias de lavanda. Ahora estábamos aquí, recostados en la cama, en una intimidad que se sentía casi irreal después de todo el caos que habíamos vivido.Yo llevaba uno de esos pijamas de seda que Isabella había mandado a poner en mi habitación, frescos, suaves, casi obscenos en su confort. Adrián, a mi lado, solo llevaba un bóxer negro que dejaba muy poco a la imaginación. Y ahí estaba yo, recostada sobre su pecho, sintiendo cómo su corazón latía bajo mi mejilla, acompasado, tranquilo, como si después de diez años por fin se hubiera permitido descansar.Sus brazos me envolvían con una firmeza que casi rozaba lo posesivo. Incluso en sueños, incluso ahora que yo estaba aquí, tangible y real entre sus brazos, él parecía tener miedo de soltarme. Como si temiera que, al abrir los ojos, todo esto fuera un espejismo y yo volviera a desvanec
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